
Inauguración 17 Abril - 18h
Aire blanco
Exposición comisariada por Paco Negre y Guillermo Busutil
Inauguración 17 de Abril - 18h
Espacio Cero- Sala de exposiciones del Contenedor Cultural de la UMA
Bulevar Louis Pasteur, 23 Campus de Teatinos
El eco blanco
los pájaros nievan
Vive el árbol
(Guillermo Busutil)
Los haikus de Hokkaido
Guillermo Busutil
Nuria Murillo convierte papeles Hahnemühle de algodón y de bambú, en la isla de invierno de Hokkaido donde la belleza nieva, igual que los pájaros.
Su escritura visual evoca los poemas de Saigyō del Período Kamakura sobre las estaciones del silencio. Y con la misma sensibilidad, ella nos coloca en el corazón de los ojos el embrujo blanco de sus paisajes. Llanuras del frío, horizontes de invierno, desiertos donde todos los colores se desvanecen tenues, se apagan con delicadeza. Vaporosos, ingrávidos, apenas un rastro, sobre los que el blanco no es un vacío. Es una página donde el mundo, por un instante, se dibuja con exactitud, sin violencia, bocarriba la calma y el susurro, con la perfección en lo simple, de lo efímero. Un hechizo de estampas oníricas, poéticas de un mundo suspendido entre lo real y lo imaginario, donde la mirada se convierte en cogitabunda contemplación.
En estos poemas de Nuria Murillo la protagonista es la nieve. El vaho de su aliento, su epidermis magnética y frágil. Su abrazo envolvente y misterioso como el de la simetría hexagonal de los copos con seis brazos cada uno, ángulos de 60 grados, ramificaciones que repiten su diseño como un pensamiento fractal. Cada copo es un mapa del viaje que hizo en la nube, de las variaciones de humedad y temperatura tallando en secreto el crecimiento diferente de cada brazo. No hay dos copos idénticos. Ni su peso es el mismo. Sucede igual con cada escenario blanco en los que Nuria Murillo captura un espejismo de nieve, su arquitectura provisional sobre una loma, su reflejo que tiembla bajo la piel del agua. La nieve cubre huellas, disipa los horizontes en el dibujo de una sola línea gris en un papel que convierte en infinito. Todo es más claro e incierto a la vez. Mienten las distancias, el tiempo cierra los ojos. El aire se detiene también en el beso de la nieve.
En las bellas fotografías de Aire Blanco el aura etérea no es sólo blanca, es una música de la pausa. Suspende el ruido, convierte la prisa en un animal torpe y vuelve esenciales las cosas. Una planta despeinada es sólo una planta que sobrevive. Un árbol es sólo un árbol. Pero por la magia con la que encuadra cada fotografía como un haiku, ella consigue que el árbol sea una letra de la vida que muda de piel y permanece; que la planta despeinada parezca el pubis de la nieve al descubierto, la intimidad del paisaje cuando no advierte la cercanía de una mirada a la intemperie de cazar fantasmas de luz en la nieve.
Se olvida uno del frío ante la vida hipnótica de sus imágenes, Se escucha el roce minúsculo de la espuma del invierno al columpiarse en una rama; el crujido de un lago que ajusta a su cintura el latido del hielo. El signo de interrogación invertida de una grulla, el pentagrama de su danza. La coreografía de sus zancos a modo de abecedario de la estación blanca, símbolo de la longevidad japonesa. Su cultura adoptó de la dinastía T´ang un waka de Li Bai “Después de mil años, una grulla ha vuelto”. Y de repente, los años de la espera son burbujas termales cuyas ondas se desintegran.
Es imposible salir indemne de esta maravillosa y delicada sinfonía de la nieve en todas las naturalezas del paisaje de su reino.
静けさ (shizukesa) — el silencio profundo
La nieve absorbe los sonidos. El paisaje queda suspendido, como si el mundo respirara más despacio.
無常 (mujō) — la impermanencia
La nieve parece eterna, pero desaparece. La belleza es intensa, pero pasajera.
余白 (yohaku) — el espacio vacío
Además de sus poemas fotográficos nos deja Nuria Murillo el encantamiento de un cuento clásico a su manera. El de los cisnes casi azul gélido en un nido de agua que a la noche se transforma en un lago glaciar donde retornan al origen de su naturaleza secreta: árboles muertos que emergen del hielo como pinceladas de tinta sumi-e.
Antes de salir el blanco te llama y te vuelves. Es la nieve que cae y al caer escribe. Una grulla emprende el vuelo.
Afuera, nieva la geometría efímera de las plumas del cielo. Un universo en miniatura. El corazón tan blanco.